el equilibrio y provocando que el cuerpo caiga a tierra u otra superficie firme que lo detiene. Otra
definición se refiere como la consecuencia de cualquier acontecimiento, que precipita al individuo
repentina, involuntaria e insospechadamente al suelo y puede ser confirmada o no por el paciente o un
testigo (Calleja OJA, 2010). Aunque las caídas conllevan a lesiones en todas las personas: la edad, el sexo
y el estado de salud pueden influir en el tipo de lesión y su gravedad. Los ancianos tienen un mayor índice
de mortalidad o lesión grave por caídas, incrementándose con la edad (Vázquez Cardona, 2014).
Las caídas en pacientes de más de 60 años, constituyen un problema clínico importante por la
morbilidad, la mortalidad y los costos para el individuo, su familia y la sociedad. Estas situaciones en los
ancianos pueden englobarse bajo el nombre de “síndrome geriátrico de caídas”, que de acuerdo con la
OMS se define como la presencia de dos o más caídas durante un año. Así también, se considera que un
paciente presenta caídas recurrentes cuando estas se presentan en un número de tres o más episodios
durante un mes (Romero C,2012).
Las caídas con permanencia prolongada en el piso se consideran como indicadores de una reserva
fisiológica disminuida en aquellas personas adultas mayores que las sufren, ya que pueden estar
relacionadas con trastornos únicos o múltiples que acortan su supervivencia o alteran su funcionalidad
general.
Las caídas en los adultos mayores están vinculadas a una serie de factores de riesgo que
predisponen el trauma y se suman a la mecánica del proceso. Sgaravatti, A (2011) menciona que los
factores de riesgo relacionados con ello se pueden clasificar en dos: intrínsecos y extrínsecos. Los
primeros son factores que predisponen al trauma que forman parte de las características físicas de un
individuo. En estos casos, encontramos factores tanto modificables como no modificables. A su vez,
dentro de ellos, se incluyen los cambios fisiológicos, las enfermedades agudas, crónicas y el consumo de
fármacos (García López,2019). También están los factores extrínsecos, o ambientales y se pueden agrupar
en aquellos que se encuentran en la vivienda, vía pública y medios de transporte. Además, se han
reportado como causas de caídas en los adultos mayores institucionalizados: debilidad general (31%),
peligros ambientales (25%), hipotensión ortostática (16%), enfermedad aguda (5%), alteraciones en la
marcha o balance (4%), medicamentos (5%) y desconocidas en el 10% de los casos. También, se ha
documentado que el 47.2% de los pacientes ancianos dementes presentan caídas, frente al 20.5% que no
tienen esta patología (Gama ZA, 2018).
En otros estudios se han reportado como factores asociados a los traumas: el antecedente de
caída, alteraciones de la marcha, incapacidad funcional, deterioro cognitivo, consumo de medicación
psicotrópica y exceso de actividad física (Gama ZA, 2018). El sexo femenino y la edad avanzada, también
se han referido como predictores de caídas. En adultos mayores que viven en la comunidad se han descrito
como factores predisponentes para los traumas: el uso de sedantes, deterioro cognitivo, alteraciones de
las extremidades inferiores, presencia del reflejo palmo mental, anomalías del equilibrio y la marcha,
además de malformaciones de los pies (Gama ZA, 2018).
En este estudio se describió que el riesgo de caer se incrementó linealmente con un número
mayor de factores de riesgo del 8% (sin ningún factor), al 78% con cuatro o más factores de riesgo (P
<0.0001). Alrededor del 10% de las caídas ocurrieron durante una enfermedad aguda, el 5% durante la
realización de una actividad peligrosa y el 44% en presencia de peligros ambientales. Dada la naturaleza
multicausal del trauma en los ancianos, se considera que el abordaje de los múltiples aspectos para